Un día, su padre le pidió que pintara la valla de su casa y él lo hizo. Al cabo de unas horas apareció su padre.
—Steve, ¿has pintado la valla?
—Sí, papá, mira —-dijo el joven Jobs señalándola.
Su padre revisó el trabajo con atención y observó:
—Steve, has pintado muy bien la valla por fuera, pero no la has pintado por dentro.
—Pero, papá, nadie va a ver la valla por dentro —replicó Steve.
Su padre sonrió y dijo:
—Hijo, la veremos nosotros.
Muchos años después Jobs trabajaba con su equipo de diseño en el primer Macintosh de Apple. ¿Sus instrucciones para su grupo? Hacer que el ordenador fuera bonito por fuera. Hacer que pareciera especial, maravilloso y sensacional. Pero su verdadera misión era que el interior de la máquina fuera una obra de arte.
Un miembro del equipo comentó:
—Pero, Steve, nadie verá el ordenador por dentro.Y, por supuesto, Jobs le contestó:
—Nosotros lo veremos.






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