«Durante mucho tiempo he pensado que es inevitable que suceda algo malo a escala mundial (una plaga, un meteorito), y que la humanidad tenga que empezar de cero en otro sitio, en Marte por ejemplo.
Un día me metí en la página web de la NASA para comprobar cómo avanzaba su misión a Marte, y me di cuenta de que ni se les había pasado por la cabeza llevarla a cabo a corto plazo.» «Había ganado ciento ochenta millones de dólares cuando mis socios y yo vendimos PayPal —prosiguió— y se me ocurrió que si gastaba noventa millones y los usaba para adquirir misiles balísticos intercontinentales de la antigua URSS, y enviaba uno de ellos a Marte, podía suponer una inspiración para iniciar la exploración del planeta rojo.» Cuando le pregunté por su experiencia en aeronáutica, me aseguró que era nula. «Me puse a leer, sin más.» Así piensan y actúan los artífices.

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