En reposo, una persona parpadea entre quince y dieciocho veces por minuto. Bajo estrés, puede llegar a ochenta o noventa. Basta con un examen, una discusión o hablar en público para comprobarlo.

Por el contrario, cuando la mente se concentra profundamente, el ritmo baja drásticamente: durante una película absorbente puede reducirse a solo tres parpadeos por minuto.

Del libro: Inteligencia natural