Los que tienen éxito siendo los primeros suelen tener buenas ideas, no engañan a nadie. En contraste, los que fracasan siendo los primeros suelen tener malas ideas.

La empresa R. J. Reynolds se gastó una fortuna en el primer cigarrillo sin humo. Esto es la antítesis del sentido común. Su teoría era que el cigarrillo sin humo atraería al no fumador. Por desgracia, los no fumadores no compran cigarrillos.

Unos 325 millones de dólares se convirtieron en humo con el catastrófico lanzamiento de los cigarrillos Premier. Eran difíciles de encender, no generaban ceniza (con la que a los fumadores les encanta jugar) y olían mal. El propio presidente de Reynolds dijo en una entrevista que «sabían a basura». Puede que Premier fuera original, pero era una estupidez.

Frosty Paws, una marca de Nestlé, fue el primer helado para perros. «No es helado, pero su perro pensará que sí», decían los anuncios cuando los lanzaron. Seamos realistas, por favor. Hay quien sólo le da a su perro alimentos secos (piensos) y jamás pensará en darle un helado. ¿Para qué? Hay otros que comparten con el perro lo que come la familia. En este caso le darán Häagen Dazs.

¡No hay hueco para un helado para perros!

Ser primero con una idea tonta es simplemente una tontería. No lleva a ninguna parte.

Del libro: Diferenciarse o morir