Muchas veces , el precio es el enemigo de la diferenciación.
Por definición, ser diferente debería tener algún valor. Es la razón que respalda que se pague un poco más, o por lo menos la misma cantidad, por un producto o servicio.
Pero cuando el precio se convierte en el centro de un mensaje o de las actividades de marketing de una empresa, se empieza a socavar las posibilidades de ser percibido como único. El precio pasa a ser la principal razón para que le elijan a uno frente a la competencia. Ésa no es una forma sana de funcionar.
Pocas empresas encuentran la felicidad con este enfoque, por la sencilla razón de que todos sus competidores tienen acceso a un lápiz y una goma. Con ellos pueden bajar sus precios cuando quieran.
Y ahí desaparece la ventaja.
Como dice Michael Porter, recortar los precios normalmente es una locura, si la competencia puede bajarlos tanto como uno mismo.
Del libro: Diferenciarse o morir
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